miércoles, 25 de noviembre de 2009

Algo se rompe

Últimos mensajes de texto entre Anna y yo:

Martes, 24 de noviembre 15:38
Guapa

Jueves, 26 de noviembre 04:25
Triste

lunes, 16 de noviembre de 2009

No... no dejo a nadie...

Dónde estarás ahora mismo?

Son las 2 de la mañana de un lunes así que estarás durmiendo, probablemente.
Esperando a que la noche se haga día para volver a clase, a cumplir con tus obligaciones, despertar a tu rutina.
Para mí siempre que no estás conmigo estás tumbada en el regazo de otro.

Yo hoy he tenido una reunión de trabajo, o lo que la gente llama una reunión de trabajo.
A veces parecen citas asexuales.
Un tío enfrente de otro: Pago yo; no deja, ésta es mía; en serio, ya me invitarás tú cuando seamos ricos...
Planes compartidos.
Nos hemos puesto a hablar de un trabajo que tengo que hacer en África. Me voy unos días a Luanda a trabajar para un tipo francés con un acento pantomímico.
Habla inglés, francés y español y ninguno lo habla bien y sin que venga a cuento me pregunta:

"Y yejás a alguna noviá aquí?"

Te lo dije, parecen citas.

Retiré la mirada.
Por estúpido que suene, por un momento no supe que contestar.
Cómo los huérfanos cuándo les preguntan por sus madres o los mutilados a los que aún les pica la pierna ausente...

lunes, 9 de noviembre de 2009

Un Domingo En Los 70

Los domingos regreso a los 70.
Ésta semana el domingo cae en lunes, hay ciudades en alerta
por los vientos y la noche cierra pronto.
Las películas duran el doble.

Me medico con Hal Ashby.
Tomo cerveza con los M*A*S*H, me disfrazo de Clyde con una Bonnie de alquiler.
Sí me pongo nihilista, me hago un rato el Travis Bickle con amigo en el sofá.
Comemos de cuchara, reinventamos el cine, nos cebamos con los feos y la gente de la tele.
Un skater cuarentón.
"Cómprate un coche!", vociferan a mi lado y nos reímos como idiotas.

A veces, jugueteo con la memoria:
Kapuscinski aferrado a un bidón de gasolina
Peter Biskind descargando nombres propios
Samuel Kanyon Doe no es Joseph Jenkins Robert
Ian Smith no cantaba en Joy Division, ni siquiera era de Manchester
The Yardbirds no fue un grupo de Gram Parsons

Patrick Pearse aparece en mi cabeza refrescado por Garth Ennis
Yeats es ya un desconocido
Pero hoy, haciéndome a la idea de la persona que fue Friedkin,
me lo imagino dejando sus escrúpulos a la altura de V. Bout.
Parcelas de poder, compadre.
Todos somo Idi Amín.

Pocos héroes, un suicida, tres o cuatro dictadores y un atajo de chismosos.
Casi todos drogadictos y algún traficante de armas.
Ésta es la gente que me rodea los domingos
cuando vuelvo a los 70.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Milán

Milán apesta.
Apesta y está siempre cubierta por una niebla espesa que hace pesar los pulmones.
Los convierte en sacos de harina, botas de vino casero.

Si algún día caéis por ahí no dejéis de visitar el Duomo y de dar un paseo por las tiendas de moda.
Lo digo porque si no hacéis eso vais a haber malgastado el viaje, que lo habréis malgastado igualmente por haber decidido ir a Milán de entre todos los destinos posibles:
Amsterdam, París, Roma, que por algo es capital, Londres... Varsovia.
Palencia, ostia!
¿Quién mandará a la gente a ir a Milán...?

Yo nunca he estado en Milán.
Nunca.
A lo mejor pasé por ahí cuando viajaba con mi madre cruzando Europa en coches de alquiler.
Madrid- París; París - Roma; Roma - Andorra; vuelta a París.
Puede que alguna vez llegáramos a hacer noche allí, incluso.
Yo que sé. ¿Quién lo recuerda?
Me guiaba por sus comentarios, me creía lo que me decían los mayores y según mi madre Milán era una mierda pinchada en un palo en el ojo de un tuerto.

Pero sí ayer te llegas a acercar a la cabina mientras sonaba alguna de las canciones que puse para tí y me hubieras dicho:
"Coge mi mano, apaga la música... "
"No! Mejor aún, deja que el disco gire, que no se dé cuenta nadie."
"Desaparece conmigo."
"Cojamos un vuelo. Vámonos a Milan"
Pronunciado así, Milan.

Sí ayer me hubieras susurrado con tu lengua articulada, tu acento ubicuo, tu dicción perfecta.
Sí tus manos ayer se hubieran posado en mi ropa y tu aliento se hubiera estrellado en mi cara en un choque pequeñito, microbiótico, espacial.
Un choquecito de partículas de saliva mojándome un poco la carne con un SPLASH! que se pierde en el espacio, un splash de onda corta, un splash que se convierte en una micro-nebulosa infinita, entonces sí.
Así Milán sí.
Así Milán todo el rato.
Pero no fue así.

...

Yo puse canción tras canción, siempre con tu voz en la cabeza, repitiéndome otras frases que me dijiste anoche:
"esa la pones siempre", "¿Puedes poner Close To Me?", "nunca me pones Hey Ya!"...
Pero Milán no.
Milán se lo dijiste a otro.
Se lo dijiste a otro y el otro te siguió, claro.
Y la que desapareció fuiste tú. Con él.
Sin despedirte, una manía tuya que se ha transformado en costumbre, en modus vivendi, broma recurrente. Cómo si, para mi, verte implicara desverte.
Te fuiste donde sabías que mis zapas no te alcanzarían nunca.
Te escondiste en la niebla.

Y ahora me siento en Milán (pronunciado Milán), porque yo también sé internet y un billete es barato si coges el vuelo en un pueblo, y miro alrededor.
El Duomo.
Un mendigo.
La niebla.
Un frío húmedo que no ayuda a que uno se sienta en casa.
Esta ciudad está muerta.
Sólo un loco viviría aquí.

Y apago el cigarro en el suelo sin haberte visto (ni oído) pero al menos puedo decir que ya conozco Milán, y que nunca volveré a ésta ciudad.
Nunca volveré a no ser que una noche, mientras suena una de esas canciones que pongo para ti, una mano se pose en mi ropa, un susurro me moje la cara y la conversación se traduzca en caricias y las caricias se nos antojen galaxias y entonces volvamos a Milán, para no salir nunca de la habitación 312, donde la niebla no llega y tu olor tapa el frío, convirtiéndo el vacío en casa, la niebla en lujuria, el beso en mordisco.

Mi avión sale a las cinco y sí me tomo otro café es posible que deje de pestañear para siempre.
Será mejor que me ponga en marcha...

viernes, 23 de octubre de 2009

Alcohol

Me doy cuenta de que lo que me sienta mal no son las mujeres sino beber.

Hace poco pensaba que eran ellas la razón por la que tomaría una decisión estúpida cuando lo que debía hacer era tomar una decisión crucial, o me dejaría arrastrar por alguna a la heroína o, peor aún, a la crítica musical o la decoración de interiores. Hace poco de hecho he estado a punto de perder a todos los amigos que quiero por una.

Obviamente cuando digo por ellas estoy diciendo por mi en referencia a ellas. Soy yo el que decide, soy yo el que actúa y para placer de Anna , que le encanta oirme decir esto, soy yo el que inevitablemente acaba cagándola siempre.
Yo el único responsable de todos mis males.

Pero, como iba diciendo, no son ellas o, hablando con propiedad (o escribiendo con ella si esto es posible), no es por ellas por lo que la jodo siempre. Es por beber.
Eso es lo que me mata.

Porque beber me lleva irremediablemente a querer follar, que al final es lo mismo, que es lo mismo al final, una pescadilla que se muerde la cola, un conundrum en el que me meto y acaba siempre conmigo en la cama acostado con alguien para despertarme a solas con mi dolor de cabeza.
Cefalea, diría DoriaK.

Ayer, es decir entre antes de ayer y ayer sobre las 6 de la mañana, rompí un celibato autoimpuesto que había fijado el 8 de noviembre. Lo decidí el 8 de octubre, un mes para mi solo.
No era importante o no creo que lo fuera pero quería probar y obviamente lo mandé a la mierda sin que pasaran ni 15 días.
Iba borracho.

Me desperté y la chica ya no estaba. Que yo recuerde no tenía la regla, sé su nombre y eso es bueno pero su olor se me olvidó nada más ducharme y es una pena porque olía muy bien.
Tenía o tiene 23 años.
También recuerdo haber hecho que se corriese estrangulándola.

Eso me hizo reflexionar y caí en que mi habitación es como Ciudad Juarez.
Entran chicas, desconocidas que desaparecn repentinamente dejando tras de sí bragas sin dueña y manchas de sangre.
Órale, mano.

Ayer pinché en Mall's y juro por Dios que temo que me prohiban la entrada.
Iba borracho.

El miércoles pasado pinché en el Zombie.
Al día siguiente me desperté a las 5 de la tarde (había quedado con DoriaK a la 1), los vecinos me dejaron una nota declarándome la ruptura de nuestras relaciones, pacíficas hasta ese momento y Jay me preguntó de quién era la raya de cocaína que se habían dejado en la mesa del salón... Me había venido a casa con 14 personas de las cuales no conocía a más de 2 después de salir del local a toda ostia porque me habían pillado intentando robar una botella de Hendrick's. Eran las seis y media de la mañana...
No hará falta que especifique pero:
Iba borracho.
Muy borracho.

Para dejar las cosas claras y un poco en mi favor la raya no era mía, no me drogo.
Y era Ketamina pero eso no arregla nada.

Otra teoría es que lo que me sienta realmente mal es pinchar y que no sé controlarme: el ruido, la música, el subidón de EGO, las masas bailando...
Y entonces tendría que dejar de pinchar y eso me podría llevar a una broma fácil, amén de pésima, y repetir lo del conundrum que es una palabra que me encanta y la podría repetir mil veces pero volvería al principio, a empezar de nuevo, volver al útero, renacer....

...?

A lo mejor esa es la clave, amigo... renacer es la clave...
Renacer es la clave?
Es renacer la clave?
La clave es renacer?
Renacer clave la es...?

...

"El hombre no tiene una única vida. Tiene muchas vidas, unidas unas a otras, y esa es la causa de su miseria."
-Chateaubriand

martes, 13 de octubre de 2009

Triángulo Vicioso (Conundrum)

...y mi mejor amigo me odia porque mi mejor amigo ama a mi ex novia y mi ex novia me ama a mí pero también ama a mi mejor amigo y mi mejor amigo me odia porque mi mejor amigo ama a mi ex novia...

martes, 21 de julio de 2009

Querido Bolaño

No caes bien, Roberto.

No caes bien.

Yo sé que estoy diciendo una perogrullada pero cuando hoy he ido a dos (supuestas) librerías a preguntar por dos de tus libros y los dueños, directamente y sin conocerte de nada, han fruncido el ceño y me han puesto una cara de oler leche rancia me he dado cuenta de lo que debiste provocar en vida. Por un momento me he sentido como tú yendo a una de esas librerías en las que robabas y el dueño, sin reconocerte, siente que le hiciste un mal, aunque fuera en otra era.

A mi tampoco me caes del todo bien. Te leo y me río, otras veces me inspiras pero otras en cambio me cargo de palabras y sentimientos pesados: lucha, barrizal, valor, Esparta… Como si no hubieras tenido bastante con toda tu nicotina y una enfermedad terminal. Leyéndote da la impresión de que necesitas fumarte los cigarros por pares para hacer más evidente tu suicidio y acelerar tu autodestrucción, tan evidente es tu cinismo.

Pero eso ya pasó.


Ahora estás lejos (o más cerca) y te tengo que hablar porque estoy cerca del abismo, uno de esos abismos que te gusta tanto nombrar, tengo el miedo en el cuerpo y el tembleque en los dedos, en la punta de la nariz, en la tos.

¿Me estoy enamorando, Roberto?


Dicho así no es nada, pero para mi es jodido, negro. Muy jodido.

En primer lugar porque sería romper otra de las promesas que me hago y me hago muchas y rompo más, en segundo lugar porque para enamorarme de alguien tengo que hacerle hueco donde hasta hace unos días había una silla vacía y todavía caliente esperando a su dueña. En tercero porque no me quiero quemar, Roberto.

No tengo el coño para ruidos.


Pero este fin de semana, que no ha sido más largo ni mas corto que los demás, si ha sido más salvaje y más sangriento que el resto. Me he tirado a una piscina de olas sin saber nadar pero seguro de que volaría.

Me he precipitado al cielo y he caído levitando y, peor aún, se ha abierto una rendija en una puerta que da a un zulo, donde hay un trampilla que si la abres da a una escalera, de mano, de las que si das un traspié te partes la espalda, que da a una cueva con una linterna sin pilas en la que, si hubiera luz, se vería un agujerito en un falso muro donde está Rencito el blando, el que mira de soslayo, como quien mira un caramelo que quiere robar y llevarse a la boca. Rencito el que esconde la mirada y busca la otra cuando sabe que no se la van a devolver.

Rencito el que escribe y se arrepiente.

Rencito el que abraza y se lanza al vacío con ella, a peso muerto. El que dice te quiero. El que muerde la piel pero no deja marcas, solo absorbe el sabor para tenerlo en la boca.

Rencito el que nunca debió volver.


Pero aquí lo tengo, abrazado a una almohada mientras escribo, cantándome canciones, rebuscando entre sus libros alguno que le ayude a sentirse mejor, buscando una frase que escribir en el móvil y mandarla a ver si esta vez le contestan.

Agarrándose a la nada.


Yo estaba seguro de que no le había dejado subirse al coche. Le vi quedarse en la acera mirando como ella se alejaba, con los brazos todavía agarrándola y su boca acercándose al cuello mientras ella se subía al suyo y quemaba ruedas rumbo a Madrid.

Se debió meter en el maletero cuando nos subimos nosotros al coche. Si hubiera prestado atención le hubiera escuchado gimotear al muy idiota, más preocupado por las cosquillas de su estómago que por el sol de justicia que nos mataba de camino a casa.


Ahora tengo que aguantar a este tío pegado a mi espalda como un mono de caballo hasta que decida irse o encuentre el amor y entonces si que me habré metido en un lío. Pero me haré a su estancia entre libros y películas, sacando la cabeza por la ventana, tomando aire cuando me ahogue y apretándole el cuello con las manos cuando su discurso se alargue más de la cuenta.

Si se te ocurre alguna otra idea será bien recibida y hablaré bien de ti a los libreros de mi barrio y no volveré a decir (en alto) que me caes mal.

Como si te fuera a importar.

Gracias por tu tiempo. El estilo te lo robo pero no te lo agradezco.

Atentamente,

R


Me voy de viaje.

Adiós! (pronunciado Arious!)